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martes, 12 de julio de 2011

Una carta perdida o una pérdida de carta.



Esta madrugada fue como un sueño... como si años atrás una presencia en su cumpleaños estuviese viendo la luz del amanecer a mi lado. 
Me volví a dormir profundamente y sólo cuando la luz del sol se filtró por mis párpados me desperté. Y aquí sigo...
Mis ojos tropiezan de vez en cuando con algún recuerdo tuyo; con algo que tus manos han tocado o con algún adorno de tu presencia en las calles. 
No te añoro. Sin embargo a veces te pienso...
Agradezco tu paciencia para leer estas líneas que no pretenden nada, salvo hacerte saber el mejor de mis deseos HOY en tu cumpleaños y siempre. Entretanto hay algunas cosas en mi vida que rozan la desesperación y que es menester afrontarlas con tu paciencia. Me encuentro en una de esas buenas horas.

FELICIDADES.



jueves, 5 de agosto de 2010

Con Chet Baker en el café

1.
Hay etapas en nuestra vida que se cierran sin darnos cuenta de cuándo suceden y también existen otros momentos que nosotros mismos clausuramos con la certeza de hacerlo. Esto viene a cuento porque el escritor Julio Ramón Ribeyro mencionaba que cuando uno ha sido feliz en una ciudad es mejor no regresar a ella, ya que una segunda visita a ese lugar puede no ser tan satisfactorio como la vez primera; y eso puede llegar a ocurrirnos.

2. Visité en enero, de hace dos años, un pequeño pueblo de nombre Charleston, en el estado de Illinois, en el frío intenso que azota cada año al norte de EE. UU. Me pasé una semana visitando a un viejo amigo, aunque él aún es joven siempre nos hemos entendido en los viajes y la noche. Viví cerca de nueve días en ese lugar, para disfrutar de ese frío que tanto me gusta. Cuando me levantaba lo primero que hacía era vestirme, con mi abrigo de color rojo y una bufanda que recién me habían obsequiado. Con mi indumentaria puesta, ahora estaba listo para atravesar todo el campus de la Universidad de Charleston. Los edificios siempre me han parecido de un corte gótico, acompañados de árboles altos que se encuentran a lo largo del camino.
Con todo y ese frío, que siempre me hace sentirme como en casa, hasta allá iba para reunirme con mi amiga para planear a dónde ir a comer y charlar sobre los pormenores del día. El paisaje a simple vista podía parecer desolador, pero a medida que uno se aclimata se torna familiar. En esos trayectos que hacía para reunirme con mi amiga me acordé de una frase de Albert Camus que tiene en ese libro de ensayos de El verano: “son ciudades sin pasado. Son por tanto ciudades sin abandono y sin enternecimiento. En las horas de tedio, que son las de la siesta, la tristeza se hace allí implacable, falta de toda melancolía…Estas ciudades nada ofrecen a la reflexión, pero lo ofrecen todo a la pasión”.
Fuera de todo momento de introspección, el aprecio por todo lo que rodea a ese poblado fue como sentí una afinidad. Esto siempre se lo hice saber a mi amiga y creo que me entendió. Supo descifrar mis palabras. Durante el almuerzo recordábamos acerca de los momentos más risibles de nuestra vida. Ambos nos reímos y nos dimos cuenta que a pesar de momentos serios de la vida, habría que tomarla a la ligera, sin mucha seriedad. Además, las personas hacen a los lugares, los enriquecen, en pocas palabras, dan un matiz que cobra relieve y que no sería lo mismo sin ellas.
Por la noche veía a mi amigo y comentaba de cómo la distancia nos había separado en lo físico, más no en los recuerdos. De cómo los caminos de la personas toman rumbos distintos, pero la amistad es siempre la que perdura. Ahora que pasé algunos días del mes de julio en ese mismo lugar, mi amigo ya no estaba, se había ido a la ciudad de Chicago, que siempre me ha parecido muy cosmopolita y llena de vitalidad. Por el contrario, mi amiga aún continuaba en Charleston. Tenía algunos pendientes con sus clases y su trabajo. Parecía que el tiempo no hacía mella en ella. Había estrenado su apartamento en mayo y me mostró muy contenta la manera en que lo había decorado con los objetos que ha coleccionando durante sus viajes por América Latina y por el gusto que siente a todo lo diferente a sus orígenes.
El último día de mis estadía en Charleston me acordé nuevamente de una frase de Albert Camus: “En medio del invierno venía a saber que en mí había un verano invencible”. El verano continua allí, mientras dejo momentos llenos de secretos y de varia tazas con café que me acompañaban durante las mañanas en casa de mi amiga, mientras Chet Baker tocaba su trompeta.

lunes, 2 de agosto de 2010

Aculco... (reposteo)

Ayer 1 de agosto fue dada la noticia del nuevo Patrimonio de la Humanidad según la UNESCO. Por tal motivo reposteo algo que escribí hace unos meses en otro espacio.


Navegando en la red social del Facebook me encontré con un grupo que me remitió a una de las páginas más entrañables de mi existencia: mi vida en el pueblo de Aculco.
Mi padre nos llevó a su tierra natal allá en el año de 1985, un mes antes de los sismos del 19 de septiembre. Yo tenía en aquel entonces 11 años. Los primeros meses fueron muy difíciles para mi, ya que estaba acostumbrado a la vida de Barrio... de los barrios bravos de mi querido D.F. En Aculco terminé la primaria y posteriormente la secundaria... ésta última con no muy buenas calificaciones; esto lo viví rodeado de amigos que fuí forjando con el paso de esos primeros años en ese pueblo tranquilo e histórico. Mis primeros amores y lágrimas fueron ahí... en Aculco. Toda esta serie de recuerdos y vivencias me vinieron de pronto como una cascada a partir de encontrar un Blog en el Facebook que tiene como punto de encuentro el interés por ese nuestro querido pueblo.
Aculco es uno de los pueblos llamados Pueblos con encanto del Estado de México; la historia por la independecia de México tiene una página muy importante que se escribió en Aculco: ahí pernoctó el cura Hidalgo a su regreso del Monte de las cruces los días 6 - 7  de noviembre de 1810, dándose lo que conocemos como la Batalla de Aculco... pelea que por cierto perdió.
Aculco no sólo tiene historia, sino que la riqueza de su arquitectura -a pesar de la modernidad- hace de él efectivamente un pueblo con encanto. Sus leyendas y calles hacen pensar que el tiempo se detuvo en algunos espacios.
Aculco tiene bellezas naturales. Sus dos cascadas -La Concepción y la de Tixhiñu- y la imponente Peña de Ñado hacen que varios turistas practiquen el rapel o inclusive varias firmas automotrices toman los paisajes para sus comerciales. "¿Y la cheyenne apá?
Aculco tiene la fama en la capital mexiquense por su amplio catálogo en productos lácteos. Hay quien dice que los mejores quesos del Estado son de allá... y yo creo que tienen mucha razón. Cada que voy procuro traer a mi Fortaleza de la soledad varios quesos... y además del mercado llevó algo que cada que lo platico se quedan con una cara de asombro: Chicharrón de res. Es un platillo que se hace con las víceras del animal en cuestión en una forma muy parecida a las carnitas y cuyo sabor es excepcional.
Aculco está gestionando ser patrimonio cultural de la humanidad, ya que la historia lo marca como uno de los accesos o paso obligado de lo que en la época Colonial se llamó Camino Real de Tierra Adentro.
Aculco es la tierra de mi padre. Tierra donde están mis raíces y mis recuerdos. Yo nací en el D.F., soy orgullosamente defeño de nacimiento; vivo en Toluca, soy Toluqueño por convicción; viví en Aculco, y soy Aculquence de corazón.

*Las fotografías son del Blog: http://elaculcoautentico.blogspot.com/

miércoles, 7 de julio de 2010

Ahora que vuelvo

“Por qué siempre es de nosotros de quien
nos separamos cuando dejamos a alguien”
Fernando Pessoa

Ahora que vuelvo a ver aquella magnifica e inolvidable película de Jean Luc Godard títulada El desprecio, me viene a la mente la historia de una pareja, de los amantes que se diluyen en un instante. Godard retrata con singular maestría al personaje de Brigitte Bardot: enigmática, callada, deseada. Nadie como el cineasta francés para guiar un papel como el de la Bardot.
2.
Regresé a Veracruz para acordarme de Agustín Lara. Para rememorar su figura artística y su persona. Había momentos que seguí sus pasos, sin alcanzar aquella conquista que tuvo con María Félix. No hace falta tener una mujer del mundo espectáculo y artístico para ser felices. Por ello, cuando alguien me pregunta que estrella del cine o de la música me roba mis sueños, suelo contestar que existe más belleza y verdad en una mujer que se encuentra en el autobús, en la avenida o en un aeropuerto.
Nuestros encuentros con una dama en algunos de estos lugares siempre son tan extraños y misteriosos como la vida misma. Cuando nos toca conocer a alguien nunca sabemos si esa historia terminará enseguida o se prolongará por el resto de nuestra vida. Ya lo decía Ricardo Piglia, qué habría pasado si actuáramos diferente con un guiño o una palabra, por un instante, con una mujer ¿Nuestra vida hubiera cambiado? La historia de dos personas es tan azarosa, como incierto el porvenir. Se crean planes, se construye el futuro, intentamos ser arquitectos de nuestra vida, pero el destino es otro.
Se ha escrito mucho sobre este tema y ahora me viene a la mente Rojo, de Kieslowsky o Reconstruction de Kristopher Boe. También está esa novela de Julio Cortázar: Rayuela. La lista sería interminable sobre el tema. Pero al final lo que quedan son los personajes de carne y hueso que interpretamos. En ocasiones le damos una segunda vida a esos personajes de ficción si proponerlos nosotros. Y es ahí cuando se junta la ficción con la realidad ¿Cuándo comienza una historia y cuándo acaba?
3.
Existen personas que nunca se han detenido y levantado su cara para hacer una pausa y ver lo que se ha hecho o dejado de hacer, sólo viven, no piensan, no sienten. La vida es un instante, decía un clásico. “La vida es corta y aún así nos aburrimos”.
Hago una pausa, levanto la cara y enciendo una cigarro, mientras exhalo me doy cuenta de las personas que ya no están, que dejaron la banca vacía del parque en donde se sentaban. Hay personas que entran y salen de nuestra vida como una ventisca, pero hay otras que se adhieren a nuestro recuerdo, a nuestra identidad. Nuestra persona se debe, mucho o poco, a ellas. Pero de nosotros depende asimilar todo aquello para ser nosotros mismos. Algún día seré de esas personas que dejé de sentarme en la banca del parque o que deambule por la calles, caminando para evitar ser olvidado. La puntualidad es necesaria, pero es mejor en ciertos momentos retrasarse hasta que empiece el alba.

 
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