¿Para qué escribir?
¿Se vive para escribir o se escribe para vivir?
Son sólo palabras en una forma lógica pertenecientes a las expresiones interrogativas. El pretender ahondar en el misterio del lenguaje sólo me puede dar dos alternativas: llegar a una dogmática verdad; o agotar el misterio.
Escribir no es más que una forma de codificar el mundo en el que nos movemos, de ahí la necesidad de hacer del mundo algo que nos sea familiar y controlable. Desde los albores de eso que los dogmáticos llaman humanidad, ésta se ha ido abriendo maneras de concebir un mundo que sea capaz de leerse y de pensarse. He ahí -tal vez- una de las necesidades palpables por las cuales buscamos ser leídos y escritos. Si somos parte del mundo, ergo, somos sujetos de ser fuente de escritura y lectura. En términos llanos, queremos ser escritos y leídos para saber qué somos.
Es posible que llegando a este punto, nuestra vida se traduzca en ser aquello que leemos y escribimos. Parafraseando el dicho popular: dime que escribes y/o lees y te diré quién eres. Sublime y titánica la tarea del escritor, ya que aunque emplee las mejores palabras siempre quedará en deuda con aquello que se está nombrando, escribiendo o leyendo.
La palabra no abarca la totalidad del misterio que encierra lo que es el mundo... impagable deuda que se busca saldar con la poesía, la novela, la crónica; o sólo balbuceos como los que acabo de escribir y con los que pretendo saber quién soy y porqué escribo.
Tal vez este misterio sirva mejor pensarlo con el aroma de un café que se escapa a mi escritura...
¿Se vive para escribir o se escribe para vivir?
Son sólo palabras en una forma lógica pertenecientes a las expresiones interrogativas. El pretender ahondar en el misterio del lenguaje sólo me puede dar dos alternativas: llegar a una dogmática verdad; o agotar el misterio.
Escribir no es más que una forma de codificar el mundo en el que nos movemos, de ahí la necesidad de hacer del mundo algo que nos sea familiar y controlable. Desde los albores de eso que los dogmáticos llaman humanidad, ésta se ha ido abriendo maneras de concebir un mundo que sea capaz de leerse y de pensarse. He ahí -tal vez- una de las necesidades palpables por las cuales buscamos ser leídos y escritos. Si somos parte del mundo, ergo, somos sujetos de ser fuente de escritura y lectura. En términos llanos, queremos ser escritos y leídos para saber qué somos.
Es posible que llegando a este punto, nuestra vida se traduzca en ser aquello que leemos y escribimos. Parafraseando el dicho popular: dime que escribes y/o lees y te diré quién eres. Sublime y titánica la tarea del escritor, ya que aunque emplee las mejores palabras siempre quedará en deuda con aquello que se está nombrando, escribiendo o leyendo.
La palabra no abarca la totalidad del misterio que encierra lo que es el mundo... impagable deuda que se busca saldar con la poesía, la novela, la crónica; o sólo balbuceos como los que acabo de escribir y con los que pretendo saber quién soy y porqué escribo.
Tal vez este misterio sirva mejor pensarlo con el aroma de un café que se escapa a mi escritura...


21:46
Víctor Victoria
