“Por qué siempre es de nosotros de quien
nos separamos cuando dejamos a alguien”
Fernando Pessoa
Ahora que vuelvo a ver aquella magnifica e inolvidable película de Jean Luc Godard títulada
El desprecio, me viene a la mente la historia de una pareja, de los amantes que se diluyen en un instante. Godard retrata con singular maestría al personaje de Brigitte Bardot: enigmática, callada, deseada. Nadie como el cineasta francés para guiar un papel como el de la Bardot.
2.
Regresé a Veracruz para acordarme de Agustín Lara. Para rememorar su figura artística y su persona. Había momentos que seguí sus pasos, sin alcanzar aquella conquista que tuvo con María Félix. No hace falta tener una mujer del mundo espectáculo y artístico para ser felices. Por ello, cuando alguien me pregunta que estrella del cine o de la música me roba mis sueños, suelo contestar que existe más belleza y verdad en una mujer que se encuentra en el autobús, en la avenida o en un aeropuerto.
Nuestros encuentros con una dama en algunos de estos lugares siempre son tan extraños y misteriosos como la vida misma. Cuando nos toca conocer a alguien nunca sabemos si esa historia terminará enseguida o se prolongará por el resto de nuestra vida. Ya lo decía Ricardo Piglia, qué habría pasado si actuáramos diferente con un guiño o una palabra, por un instante, con una mujer ¿Nuestra vida hubiera cambiado? La historia de dos personas es tan azarosa, como incierto el porvenir. Se crean planes, se construye el futuro, intentamos ser arquitectos de nuestra vida, pero el destino es otro.
Se ha escrito mucho sobre este tema y ahora me viene a la mente
Rojo, de Kieslowsky o
Reconstruction de Kristopher Boe. También está esa novela de Julio Cortázar:
Rayuela. La lista sería interminable sobre el tema. Pero al final lo que quedan son los personajes de carne y hueso que interpretamos. En ocasiones le damos una segunda vida a esos personajes de ficción si proponerlos nosotros. Y es ahí cuando se junta la ficción con la realidad ¿Cuándo comienza una historia y cuándo acaba?
3.
Existen personas que nunca se han detenido y levantado su cara para hacer una pausa y ver lo que se ha hecho o dejado de hacer, sólo viven, no piensan, no sienten. La vida es un instante, decía un clásico. “La vida es corta y aún así nos aburrimos”.
Hago una pausa, levanto la cara y enciendo una cigarro, mientras exhalo me doy cuenta de las personas que ya no están, que dejaron la banca vacía del parque en donde se sentaban. Hay personas que entran y salen de nuestra vida como una ventisca, pero hay otras que se adhieren a nuestro recuerdo, a nuestra identidad. Nuestra persona se debe, mucho o poco, a ellas. Pero de nosotros depende asimilar todo aquello para ser nosotros mismos. Algún día seré de esas personas que dejé de sentarme en la banca del parque o que deambule por la calles, caminando para evitar ser olvidado. La puntualidad es necesaria, pero es mejor en ciertos momentos retrasarse hasta que empiece el alba.