viernes, 11 de febrero de 2011

Tres deseos



"La música me sacaba de tiempo".

El perseguidor

Julio Cortázar


1.
Recorro las páginas de los diarios y leo una palabras que me embargan. Cuando muere un ser querido o alguien a quien se le estima su partida deja un sentimiento de oquedad. No olvido la forma de tocar su piano y sobre todo aquella vez que cuando viví en EE.UU., una noche de otoño prendí la T.V. para saber quiénes eran los invitados al programa que codirigía Eugenio Toussaint. Vi que eran Las víctimas del Dr. Cerebro que interpretaron “Suena el esqueleto”. Aún recuerdo la sintonía de las guitarras, el bajo, la batería, la voz, y que Eugenio y su piano les hizo un acompañamiento que aun rememoro. En ese momento se subió con el rock, en otro tiempo música de cámara o música folklórica. Colocó su listón alto para tocar, como buen jazzista que sabe convivir con las variaciones del clima.
De su estirpe quedan pocos. Pienso en Art Tatum, Thelonious Monk, Bill Evans o Keith Jarret. Como si sus manos hubieran nacido junto con el teclado del piano. Como si fuera el acompañante ideal que baila con su musa. Ese ritmo que me lleva a otros paisajes al escuchar Terroir con Eugenio Toussaint Trío. Y que se desliza por mis oídos, como gato a media noche.
2.
Cuando estuve en Nueva York, una de las cosas que no podía dejar de visitar era la librería Strand. Sabía de ella por Augusto Monterroso, que en su Tríptico, menciona lo extensa que es y la suerte que tuvo de haber encontrado The life of Laurence Sterne. Un libro raro, pues solo editaron 250 ejemplares. También hice caso a su recomendación y le dediqué toda una mañana para agotar (como diría Borges) los anaqueles del lugar. Mientras hojeaba las páginas de algunos libros, llegué a la sección de música y de ahí a la de jazz. Cierto que cada libro (u objeto) tiene su historia. Así que compré el libro Three Wishes: An Intimate Look at Jazz Greats. Es un libro con fotos de jazzistas y de los tres deseos que pedían: Miles Davis, John Coltrane, Joe Henderson Bill Evans o Louis Armstrong . Salí de la tienda con ganas de entrar a la primer cafetería y sentarme a leerlo. Pensé que iba a encontrar verdaderas perlas en las palabras de los jazzmen que tanto he disfrutado, pero no. Sus deseos eran monetarios o de escalar socialmente.
Los deseos más invaluables y llenos de amistad, preocupación y nostalgia lo pedían esos músicos que no pudieron brillar como lo hicieron otros. Cito algunos. Biily James: “That Art Blakey should live forever.”; Kermit Scotty Scott: “I wish I could get on a good recording date.” ; Toshiko Akiyoshi: “I want to be a pianist who can play everything in my mind. If I had this wish, I think two and three…I know they will come.”; Jothan Callins: “I wish I had met Clifford Brown in person.”; Hyler Jones: “Make T. Monk proud of me in all ways. That´s it ! That´s all!”; Bob Cransahw: “That Barry Harris would go to Chicago with us for two weeks!”

Deseos simples y que intentan conectar con el otro y alcanzar sus espiritualidad. Estos jazzmen que vivían al día, se encontraron así mismos desde la escasez. Pero queda para la posteridad el cuento El perseguidor de Julio Cortázar. No es solo un homenaje a Charly Parker, sino a todos esos jazzistas que eran artistas sin saberlo y que andaban de club en club por todo EE.UU., sobreviviendo para ganar algunos dólares y lo que quedaba en sus bolsillos era para pagar sus bills. Jazz, humo y whisky en primer plano: lo demás es silencio (dixit Monterroso) .
Reacciones:

2 comentarios:

Mariposa Errante... dijo...

Hola:

PrimeraSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS:

Te dejo y saludos y besos.

Mariposa Errante.

P´PITO dijo...

pasando como siempre a disfrutar un buen post acompañado de un buen cafe.....que se antoja con este frio!!!!

un abrazo

 
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