jueves, 5 de agosto de 2010

Con Chet Baker en el café

1.
Hay etapas en nuestra vida que se cierran sin darnos cuenta de cuándo suceden y también existen otros momentos que nosotros mismos clausuramos con la certeza de hacerlo. Esto viene a cuento porque el escritor Julio Ramón Ribeyro mencionaba que cuando uno ha sido feliz en una ciudad es mejor no regresar a ella, ya que una segunda visita a ese lugar puede no ser tan satisfactorio como la vez primera; y eso puede llegar a ocurrirnos.

2. Visité en enero, de hace dos años, un pequeño pueblo de nombre Charleston, en el estado de Illinois, en el frío intenso que azota cada año al norte de EE. UU. Me pasé una semana visitando a un viejo amigo, aunque él aún es joven siempre nos hemos entendido en los viajes y la noche. Viví cerca de nueve días en ese lugar, para disfrutar de ese frío que tanto me gusta. Cuando me levantaba lo primero que hacía era vestirme, con mi abrigo de color rojo y una bufanda que recién me habían obsequiado. Con mi indumentaria puesta, ahora estaba listo para atravesar todo el campus de la Universidad de Charleston. Los edificios siempre me han parecido de un corte gótico, acompañados de árboles altos que se encuentran a lo largo del camino.
Con todo y ese frío, que siempre me hace sentirme como en casa, hasta allá iba para reunirme con mi amiga para planear a dónde ir a comer y charlar sobre los pormenores del día. El paisaje a simple vista podía parecer desolador, pero a medida que uno se aclimata se torna familiar. En esos trayectos que hacía para reunirme con mi amiga me acordé de una frase de Albert Camus que tiene en ese libro de ensayos de El verano: “son ciudades sin pasado. Son por tanto ciudades sin abandono y sin enternecimiento. En las horas de tedio, que son las de la siesta, la tristeza se hace allí implacable, falta de toda melancolía…Estas ciudades nada ofrecen a la reflexión, pero lo ofrecen todo a la pasión”.
Fuera de todo momento de introspección, el aprecio por todo lo que rodea a ese poblado fue como sentí una afinidad. Esto siempre se lo hice saber a mi amiga y creo que me entendió. Supo descifrar mis palabras. Durante el almuerzo recordábamos acerca de los momentos más risibles de nuestra vida. Ambos nos reímos y nos dimos cuenta que a pesar de momentos serios de la vida, habría que tomarla a la ligera, sin mucha seriedad. Además, las personas hacen a los lugares, los enriquecen, en pocas palabras, dan un matiz que cobra relieve y que no sería lo mismo sin ellas.
Por la noche veía a mi amigo y comentaba de cómo la distancia nos había separado en lo físico, más no en los recuerdos. De cómo los caminos de la personas toman rumbos distintos, pero la amistad es siempre la que perdura. Ahora que pasé algunos días del mes de julio en ese mismo lugar, mi amigo ya no estaba, se había ido a la ciudad de Chicago, que siempre me ha parecido muy cosmopolita y llena de vitalidad. Por el contrario, mi amiga aún continuaba en Charleston. Tenía algunos pendientes con sus clases y su trabajo. Parecía que el tiempo no hacía mella en ella. Había estrenado su apartamento en mayo y me mostró muy contenta la manera en que lo había decorado con los objetos que ha coleccionando durante sus viajes por América Latina y por el gusto que siente a todo lo diferente a sus orígenes.
El último día de mis estadía en Charleston me acordé nuevamente de una frase de Albert Camus: “En medio del invierno venía a saber que en mí había un verano invencible”. El verano continua allí, mientras dejo momentos llenos de secretos y de varia tazas con café que me acompañaban durante las mañanas en casa de mi amiga, mientras Chet Baker tocaba su trompeta.

Reacciones:

3 comentarios:

Mariposa Errante... dijo...

Querido Victor Victoria:

PrimeraSSSSSSSSSSSSSSS:

Como se antoja disfrutar de esas tazas de cafe, disfrutando tambien de ese ffffrrrriiioooo y el sonido encantador de la trompeta.

Te envidio!!!...

Mariposa Errante.

Ricardo Marin dijo...

No cabe duda nmi estimado Victor que eres un lector empedernido de buenos autores, eso es genia.

Muy interesante tu relato lo fuiste bordando poco a poco, me imaginaba esos edificios goticos de los campus de las universidades de EE UU con un frio quete cagas y me llamo mucho la atención esta frase:

De cómo los caminos de la personas toman rumbos distintos, pero la amistad es siempre la que perdura.

no cabe duda que es muy cuieta un abrazo desde la tierra de las tapas de pescaito frito sin ppicante, jejjeje

Víctor Victoria dijo...

Mariposa:

Qué bueno que has disfrutado de esas tazas de café y el sonido encantador de la trompeta. Gracias por tu visita.

Ricardo:

No sé si soy lector de buenos autores, más aún cuando yo NO escribí esta entrada. Es de mi querido amigo Marco Valdés. Lector constante y tenaz; colaborador de este blog. A él le debemos en gran parte el título de esta aventura y gusto por el Café y las viñetas.
Saludos y muchas gracias por tus comentarios y visitas.

 
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